No es fácil explicar las situaciones de la vida. Mucho menos cuando estos escenarios sólo duran cinco meses. Pero para algunas personas puede significar toda la felicidad que se necesita. Ese momento, esa sensación y sutileza que nos depara nuestra experiencia en la tierra es la que experimentó Pedro Vigorito, un formidable volante Uruguayo.
El seleccionado oriental, se formó en las faldas del río de la Plata en los cercanos de Motenvideo. Ahí fue donde fraguó su pasión por los pastos, y lo recalcaría al unirse tempranamente al Montevideo Wenderers (uru). De ahí a la fama mundial y a los céspedes internacionales.
Con su gran despliegue y velocidad, Pedro Vigorito llegó a interesar a la primera de Peñarol (uru). Se sumaría así a las constantes batallas contra el Nacional (uru) para obtener el trofeo que por esos años sólo correspondía a estos equipos.
De tanto en tanto, ambas escuadras viajaban a giras internacionales. En una de ellas a Chile, fue cuando Vigorito hizo presentación de su fama internacional en la canchas del Nacional. El público como él lo definiría “sería gentil y amable. No es un aplauso furibundo, es uno calido que sale de lo más adentro de su corazón”.
Por esta nostalgia es que decidió aceptar la oferta de Universidad de Chile. Quería ayudar al club a tomar las primeras posiciones y formar un ejemplo de juego. Su estadía duró cinco meses, pero no fue tan solo una experiencia de vida, si no como él mismo describiría “mi vida”.
Vigorito no sólo recuerda su pequeño paso por Chile, si no que siempre que puede mandaba los saludos necesarios para nuestro país. En las calles era tratado como héroe, como un maravilloso hombre espectáculo. Es que en las canchas del estadio Nacional le salía todo. Y como no, ayudó a derrotar a los clásicos rivales de esos años. Un fenómeno que vislumbró por al menos cinco meses.
Como será que un hombre formado en el Uruguay, jugando toda su vida por los aurinegros declarara hasta el día de su muerte que “yo sé que la gente de Peñarol me quiere, me estima y admira. Pero no puedo evitarlo, mi corazón no está acá, se encuentra en Chile, con los colores azules, por que estar ahí es algo que no se puede comparar”.
Nombre: Pedro Waldemar Vigorito Gorga
Apodo: “Charrúa”
P.J: 14(1944)
G: 7 (1944)
Anécdota: Ser funcionario público de su país.
Por Felipe Cisterna















