Marcelo Salas fue el hombre que cambió todo. Sin sus 27 goles en 26 partidos de aquel año, lo más seguro es que jamás la Universidad de Chile hubiese sido campeón. El estandarte de las ilusiones, ventas de camisetas, y admiraciones fue este hombre.
No sólo por su gran gallardía, si no por su calidad. Cada vez más técnico, más comprometido, fue que en conjunto con Leonardo Rodríguez repetirían la hazaña frente a la Universidad Católica. Logrando el segundo bicampeonato de los azules después de treinta años, cuando Leonel y Rubén Marcos habían hecho de las suyas.
Así con 27 partidos y 17 goles, Salas volvería a ser el demonio goleador que lo caracterizó. El emblema de una época, que hasta la actualidad sigue siendo un haz de las redes.
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