Home
 El “Chamelo”
 El rechazo
 El Huaso a la Capital
 El debut
 Nacimiento del Matador
 El debut en la Roja
 El gol del 94
 Campeón y Bicampeón
 La Libertadores
 “Shileno" “Shileno"
 Salas y River campeón
 El mejor de América
 La dupla SA-ZA
 El Golazo de Wembley
 El goleador de Mundiales
 El Matador de Roma
 26 Años de frustración
 Mejor jugador del Mundo
 La lesión
 El regreso del “Shileno”
 Goleador Histórico
 El Regreso del “Matador”
 Su labor Síndical


   

MUCHAS GRACIAS MARCELO

 
   

El retiro del quizás más grande jugador de la historia chilena ha causado conmoción nacional. Gestos, ilusiones y sueños fue lo que forjó este temuquense que les robó más de una lágrima y aplausos a todos los chilenos.
Por: Felipe Cisterna
Por la calle Manuel Rodríguez, tomando la carretera, se ve el gesto más fervoroso que un hincha pueda hacer por un jugador. Una bandera azul a media hasta, con el símbolo del chuncho y un número once clavado en su corazón se visualiza a lo lejos. Para no dejar de aplaudir.
Al menos así fue la carrera de José Marcelo Salas Melinao. No se puede negar, el jugador más ganador de nuestra historia se merece eso y mucho más. Para los hinchas azules y, los chilenos, el “Matador” pasa a ser un mito, una suerte de leyenda que prontamente acompañará en el mismo sitial a la del Ballet. Es que Salas fue el símbolo del momento institucional más importante de la “U”, el campeonato después de los 25 años. Y ojo, así empezaba su carrera.
Para todos lo que vieron jugar a Salas, su gol contra la Católica el año ´94 no puede ser si no un sueño y sentimientos sin compresión. Alegrías, celebraciones, decoraciones. Una imagen que a sus cortos 19 años ya lo catapultaban al nivel de Leonel. Símbolo de las nuevas generaciones. Escudo de batalla para los forofos azules frente a Zamorano y Caszely. ¡Cuántos kilómetros les sacó este temuquense!
Todos saben de los orígenes de Salas en Temuco. En su querido club “Santos”; al más puro estilo de Pelé, se inició jugando. Prosiguió a los 13 años en Universidad de Chile, para luego embarcarse durante mucho tiempo en San Luis de Macul, en la casa de su amigo Juan Silva. Ahí fue donde Marcelo aprendió las costumbres santiaguinas, y fue conocido como el querido “huaso” de San Luis.
Este “Fenómeno” no sólo haría rendirse a los argentinos al mando de River Plate con sus goles, celebraciones y campeonatos. Pocos se acuerdan, cuando el año ´99 Salas regresó al Monumental de Núñez, para aparecer en la despedida de su amigo el Enzo. El grito de “Shilenooo, Shilenooo”, sonó más fuerte que nunca. El “Príncipe” esa vez lo sentenció. “Aún me impresiona lo que provoca Marcelo”, recordaba el genial uruguayo.
Inspirado en esa magia para matar los sueños de equipos con la gloria perdida, se instalaba en la Lazio. Un restaurante, toallas e incluso calzoncillos quedan en el memorial romano. ¿Si fuera poco? Para los itálicos, “I´ll Matatore” es más que un jugador, es el cuarto ídolo más grande del club. No por nada, los laziales tienen en su vitrina la nueve estampada de manera indefinida con el nombre de Salas. Un apellido que se estampará hasta la eternidad.
Un fracaso en la Juventus. Puede ser. Aunque pocos se acuerdan, que en su primer mes en la Veccia Signora fue elegido el mejor jugador del calcio. Al partido siguiente, su vida sufriría un vuelco innegable. Tanto así que volvería a los pastos trasandinos para ser mimado y querido.
Se acuerdan ese día que Salas nuevamente debutó en Núñez, en un partido frente a Quilmes. Temporales que provocaban un llanto del cielo, como agradeciendo la simple presencia del “Shileno”. Un estadio lleno, enmarcados en una sensación que jamás se olvidará. Televisores prendidos de Arica a Magallanes, todos por verlo a él. Y el gallinero rompió el mito. Ese que dice que sólo se llena frente a Boca. Un majestuoso Marcelo fue el que lo completó. Qué bella postal.
Y un día se vistió de azul
SI hay algo que se debe destacar a Salas, no es sólo su tremenda e incuestionable calidad con el balón, sino que también su irreprochable entendimiento con los códigos del fútbol. Nunca pensó en vestir otra camiseta. Le ofrecieron Everton, Colo-Colo, Newell´s y el Internacional. Jamás traicionó a ese hincha que lo aplaudió. No importaba en que lugar, nunca les dio la espalda y siempre les retribuyó el gesto. Una emoción que pone los pelos de gallina.
En la Roja, no sólo fue el heredero de los goles. Si no que también el sueño de generaciones. Treinta y siete veces gritaron por ese “viejito lindo”. No importaron los colores, tampoco las banderas, simplemente gritaron, aplaudieron y entonaron el himno de “Matador, Matador”.
Como no. Se retiró en la “U”. No tuvo pasos por México, USA o Emiratos. Sólo vino y jugó en Chile. Defendió a cada uno de los jugadores. Gracias a él, las inferiores azules tienen mayores créditos, más colaciones, salud, contratos y sueldos. Todos quienes están en el caracol, simplemente aplauden al ver su figura. Esa que no conoció un pare a su generosidad.
Mención aparte para los hinchas de verdad. Esos que no esperaban resultados, que no eran mediocres y exitistas. Esos que sólo se dedicaban a aplaudir desde su primer gol frente a la Unión Española en su vuelta, hasta este último, ante Cobreloa. Los loínos recibieron su primer y última anotación. Como si de aquel ´93, con Salah en la banca, no hubiese pasado si quiera un día. Un sueño en el que todos estamos despertando, y prontamente nos sacaremos las lágrimas de los ojos, nos sacudiremos la cara, veremos viejos videos y se los enseñaremos a nuestros hijos o a las generaciones que no pudieron verlo al menos una vez vestir la once en la espalda. Nos enfrentaremos, miraremos al cielo, para simplemente decir: Muchas Gracias.



 

Desarrollado por Todobulla Web © 2008