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Nunca un equipo ha estado tan cerca. Al menos esa es la frase que se recuerda para aquel equipo del año 1996. Marcelo Salas, considerado dentro del equipo ideal de la Copa Libertadores, fue el encargado de llevar a ese grupo a punta de goles y esfuerzo a lo más alto que un equipo azul ha llegado.
Primero con sus fintas ante el Barcelona de Ecuador, donde Salas no sólo se había encargado de marcar en casa, si no que también ser el encargado de un carretón de más de 40 metros para lograr un penal, que sentenció el ascenso azul.
Así Salas, llegaría al partido definitivo, ante River Plate. Con un gol en Santiago, y un actuación descollante en Núñez, sentenciarían, el para muchos el último gran equipo chileno. Así, Salas sin más que hacer en el país emprendería su llegada a Argentina, con dos títulos bajo el brazo y el sueño que Leonel Sánchez jamás pudo cumplir.
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